Una Prueba de Vida: Emigrar

Puedo asegurar con toda certeza que de todas las experiencias que he vivido en mi vida, la decisión de emigrar ha sido la más retadora y exigente. No importa cuantas veces estudies el plan y que tan preciso sea, cuando decides salir de casa y estás ahí, parado justo en frente de la frontera, a un paso de pisar suelo ajeno, el camino siempre será incierto.

Fue inevitable mirar hacia atrás y escuchar una voz interna que me decía “aún estas a tiempo de regresar”, pero al encontrar un escenario de tristeza y desolación me sentí expulsada del paraíso, de esa Tierra de Gracia en donde Dios y el mundo me vieron nacer.

Pese al ambiente acentuadamente hostil que define en estos días las fronteras de Venezuela, la inminente sensación de viajar en el tiempo atravesando un umbral se hace más fuerte. Es como dar un paso de la oscuridad hacia una luz enceguecedora, desde donde todo se ve extraño, distinto. Entendí que, a pesar de la corta distancia, estaba muy lejos del país donde crecí.

El venezolano aprendiendo a emigrar

Para el venezolano, ser inmigrante es una etiqueta difícil de ocultar. Se nos nota en el acento que en definitiva es más que único, en un “chévere” o “chamo”, en nuestro color de piel. Hasta podría asegurar que podemos reconocernos a distancia, observando los gestos al hablar, la forma de caminar, el optimismo, la sonrisa, la forma de ver la vida.

Boarding pass con destino desconocido

Cuando dejé Venezuela, no sólo emprendí rumbo hacia nuevas tierras, sino que además inicié un viaje en el que poco a poco me he ido despojando de mi antiguo yo, en una ruta introspectiva, de descubrimiento, despertando demonios, abriendo heridas que creía sanadas, desempolvando fantasmas de viejos miedos y a la vez viendo crecer otros. Un camino donde la ruta se desdibuja entre pasajes claroscuros.

Desde el primer momento, ser inmigrante ha sido abrumador, una etapa donde he cuestionado todo, quién soy, mis aptitudes, fortalezas, es un examen de conciencia que se reinicia una y otra vez. Descubrir realmente el significado de “comenzar desde cero” con todas sus letras, sin importar lo que eras, lo que hacías, donde vivías, lo mucho que te preparaste. Ser nadie toma un crudo y revelador significado, en un sitio en el que la duda constantemente me asalta preguntándome si he encontrado mi lugar.

Al mismo tiempo descubro la riqueza que hay en lo poco que tengo. La gratitud toma otras dimensiones, entendiendo la fortuna de tener un plato de comida, un techo donde descansar, una cobija para abrigarme del frío. Descubrí que una plegaria puede ser una tabla de salvación para mantener la cordura, y como lo dice una de mis películas favoritas “La fe es una casa de muchas habitaciones”.

Siento el vacío de no tener aquello que parecía que estaría ahí para siempre, el sabor de la guayaba, la parchita, la guanábana, el canto de los Cristofué en mi ventana por las mañanas, la bandada de periquitos que al caer la tarde anunciaban con su algarabía el final del día, el sonido del agua y el olor a tierra mojada cuando mi mamá riega sus plantas.

La historia no termina al salir… Apenas comienza

Quienes logramos huir de la violencia, el hambre, la miseria, la impunidad y el estado pseudo canibalista en el que se ha convertido Venezuela, sentimos que al poner un pie fuera hemos conseguido la libertad.

Si bien somos libres para comenzar de nuevo, nuestros corazones y pensamientos siguen atados a nuestra gente, nuestras calles, amigos, familiares, vecinos, todo cuanto amamos. Nuestra mente se convierte en prisionera de la angustia y de la tristeza, porque no sólo abrimos los ojos al mundo, sino también a la verdad que la censura nos prohíbe ver. No importa en qué lugar del mundo estén nuestros cuerpos, nuestra mente y corazón siguen en Venezuela.

Así como los escritores sufren el Síndrome de la página en blanco, a los inmigrantes nos cuesta empezar a escribir una nueva historia, en especial cuando el preámbulo pinta sombrío, lleno de nostalgia y melancolía. Pero eso son los comienzos, dar el primer paso, con miedo, con incertidumbre, pero a fin de cuentas darlo.

Aceptar el mensaje venga como venga, con lecciones de humildad, de sacrificio, de resistencia o fe. Atravesar una prueba tras otra, intentando reconfortarnos en la idea de que todo el esfuerzo valdrá la pena. Es allí donde intento encontrar la fortaleza y el valor que necesito para continuar.

Sin duda, emigrar es una prueba que cambia por completo la perspectiva de la vida, no importa las condiciones en las que hayas partido: con mucho o poco dinero, solo o en familia, durmiendo en un hostal o en un departamento, con empleo o dispuesto a trabajar en lo que sea, el choque emocional, cultural, la dolorosa sensación de desarraigo y el incómodo proceso de adaptación impacta hasta el más fuerte.

Ahora más que nunca estoy convencida de lo valiente que es el que se va y el que se queda. Ambas son sensaciones de duelo, de sentirse ajeno, dueño de nada, con la única convicción de sobrevivir hasta que todo esté mejor.

De emigrar aprendí

  • Que salimos a buscar una mejor calidad de vida, pero además encontramos la transformación, donde ya no volveremos a ser quienes éramos al partir.
  • Que tu peor enemigo puedes ser tú mismo.
  • Que la soledad azota con fuerza, como nunca antes la has visto.
  • Que debemos ser cuidadosos con nuestras palabras. Decimos estar dispuestos a hacer lo que sea, hasta que aparece LO QUE SEA.
  • Que tienes la oportunidad de soltar viejas cargas, dejar atrás los prejuicios y abrir la mente, eso hará que tu equipaje sea más ligero en el proceso.

Una de las personas más queridas en mi vida me dijo: “En las adversidades está nuestra grandeza de fe y descubrimiento interno”. Confiar en que todo estará bien se ha convertido en mi tarea de todos los días.

Cada historia se escribe con una pluma diferente, es inútil comparar los éxitos o fracasos por lo bien o mal que le haya ido a algún conocido. Todas las pruebas son distintas y a la vez parecidas, cada uno de nosotros tiene sus propios objetivos.

Volvamos o no, los venezolanos estamos aprendiendo una lección importante para la reconstrucción de una Venezuela mejor. En cada rincón del mundo donde está un venezolano, se ha fortalecido el gentilicio con nuestro espíritu de lucha y voluntad, reconociendo que somos buenos y queremos ser mejores.

“Todo gran viaje inicia con un primer paso”

 

el-blog-de-mayita

4 comentarios en “Una Prueba de Vida: Emigrar

  1. Excelente, no es nada fácil pero no imposible. Ya casi un año que salí buscando un mejor futuro para mi u para mis hijos y francamente no ha sido nada fácil. Lo mas duro cualquiera pudiera pensar oyendo mi historia que es estar lejos de mis hijos pero no, es el echo de saber que gran parte de las veces que me ha ido mal aquí afuera ha sido más el apoyo de gente de estos países que de mis propios paisanos y es cuando me pongo a pensar en todo el daño social que tiene nuestra gente, es triste y lamentable. Saludos y besos prima.

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  2. Mayita me quito el sombreo, ni mas ni menos mejor dicho, apenas algunos han empezado a vivir lo que hemos experimentado ya hace mucho algunos, ahora en peores condiciones y mas dolorosos motivos.
    eres excelente!!! y apenas, como dices empieza tu nueva vida! disfruta y vive ❤

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